Es fácil darse cuenta de porqué el Padre Carlão ha venido conquistando a todos los que asisten a sus misas. Simpático y espontáneo, tiene un modo simple y directo de conversar y rápidamente me fue contando su vida.
Carlos Humberto Carneiro de Camargo, un nombre largo, abreviado como Carlão, sobrenombre cariñoso que recibió de sus colegas de seminario. Hoy, a sus 67 años, el Padre reboza de salud y desde 1984 ha tenido la misión de hablar del amor de Dios por donde pasa.
“Soy paranaense de una ciudad llamada Peabiru, cerca de Campo Mourão, en la región de Maringá. Allí me crie y estudié hasta la secundaria. Luego con 19 años decidí hacerme padre. En realidad, mis padres querían que fuera médico, pero yo no quería. Me gustaba el arte, así que fui a Curitiba, pues tenía el sueño de cursar Bellas Artes. Sin embargo, allí asistí a un encuentro vocacional, fue en ese momento que me descubrí y decidí que sería padre y trabajaría en la misión de ayudar a los pobres y los enfermos, porque sabía que sería más útil que vivir para mi mismo. Decidí ser misionero para este servicio como Jesús”, recuerda.
Carlão es misionero de la Congregación del Verbo Divino desde 1976. Estudió filosofía en la Universidad Católica de Curitiba y teología en São Paulo, en el Instituto Teológico. Fue ordenado como padre en 1984 y su primera misión fue en Foz do Iguaçu en 1985.

“Llegué aquí para trabajar con el Padre Germano, un gran hombre y mentor que me ayudó mucho. Estuve dos años y medio en la Iglesia San Juan Bautista que era la Catedral del Foz. Fue una experiencia muy buena, tengo un amor muy grande por el Padre Germano, él fue como un padre para mí y siento que debemos valorar más su memoria aquí en la ciudad. Un hombre que trabajó sobre una silla de ruedas, casi 40 años, y que tenía un amor muy grande por la gente”, destaca.
Después de Foz, el Padre fue enviado a São José dos Pinhais, región metropolitana de Curitiba, pues tuvo que evangelizar a las personas en un escenario que él describió como un “escenario de guerra”.
Con mucha fé y amor por la misión, el Padre Carlão logró cautivar a la gente y, en seis años de trabajo, ayudó a formar diversas directivas en el barrio y realizó un trabajo ejemplar con los niños. Fundó junto a los otros líderes una casa que funciona hace 35 años atendiendo los niños necesitados con cursos de computación, artes y deportes.
De allí partió rumbo a Mato Grosso do Sul, para trabajar en Naviraí. Allí la misión duró más tiempo, 11 años y medio, y como el mismo Padre dice, “me tocó difícil”, porque las parroquias a las cuales lo enviaban estaban pasando por dificultades y le quedaba a él el trabajo de reconstruir la iglesia, cautivar a las personas y evangelizar.
“A pesar de las dificultades, creé un cariño muy grande por las comunidades que atendí, hice que la iglesia se acercara a las personas, creamos una cercanía muy grande, trajimos a los niños y los jóvenes a la iglesia y tengo buenos recuerdos de ese lugar. Pienso que, como padre, uno tiene que estar al servicio de la iglesia, uno debe evangelizar, pero también tienes que estar atento a las necesidades de la comunidad. La iglesia necesita estar abierta para las personas”, explica.
“Nosotros, como iglesia, tenemos la misión de orientar, ayudar, escuchar e integrar. Las personas necesitan sentirse valoradas. Deben tener un espacio dentro de la comunidad. Sin olvidar que el amor es la clave de todo.”
Cuando concluyó la misión en MS, el Padre Carlão fue a Timbó, en Santa Catarina, una ciudad de la que está enamorado. Como en las demás parroquias, fue necesaria una revolución en la misión para evangelizar y acercar la iglesia a las personas. Estuvo en la ciudad por 14 años hasta volver nuevamente a Foz do Iguaçu, el lugar donde todo comenzó.
“Volví a Foz hace un año para trabajar en la Parroquia San Juan Bautista. Estoy siendo muy bien recibido aquí por la gente. Tengo mucho trabajo que hacer también. Cuido a los enfermos, realizo misas, cuido el jardín de la iglesia y sigo en la misión de cautivar fieles para la Parroquia. Actualmente estamos con una campaña para recaudar fondos para pagar los paneles solares que vamos a instalar en la iglesia para disminuir la cuenta de luz. Son bloquecitos de 10 número con mensualidades de R$100 y R$200. Soy muy emprendedor, siempre estoy teniendo ideas de acciones en pro de la iglesia”, destaca.

Enalteciendo Foz do Iguaçu
Además de la simpatía del Padre Carlão, otra característica suya es la atención que le da a los turistas que están de visita en Foz do Iguaçu y participan en las misas de la Parroquia.
“Los turistas que vienen a conocer las bellezas de Foz do Iguaçu, pero también son cristianos, podrían estar solamente paseando, pero está ahí rezando. Así que pienso que tengo que saber acoger a las personas. Yo soy así, abrazo, beso y no tengo maldad, lo hago naturalmente. Si las personas tienen malicia el problema es de ellas, ¿verdad? Yo soy un padre del pueblo”, refuerza.
Con respecto al feedback que recibe de la población de Foz, el Padre Carlão dice.
“Agradezco la bondad de la gente, no hago más que cumplir con mi deber. Agradezco la gentileza para con mi trabajo por la gloria de Dios y no la mía. Amo mi trabajo. Hazlo con mucho cariño, con dedicación. Es lo que me gusta, soy feliz, me siento completo. Sigo siempre mi misión con seriedad y determinación tratando de ejercer mi ministerio al servicio del Reino de Dios, no soy de palmearle la espalda a nadie, intento tratar a todos con respeto e igualdad. Amo lo que hago, soy feliz y trato de estar siempre mejorando, completo no, pero siempre esforzándome por transmitir la vida que Jesús nos enseñó y un mundo mejor para todos en el que ejerzo como padre y pastor del rebaño”, concluye.


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